Japoneses en Argentina
Pequeña historia de un japonés en Argentina
El señor B nació en Japón, tiene cerca de 50 años y hace más de una década que está en Argentina. Se gana la vida dando clases de japonés. Es un hombre de aspecto tranquilo, trabajador y responsable.
Un día sorprendió a sus colegas anunciando su reciente matrimonio con una joven muy bonita oriunda de otro país sudamericano. Todos recibieron la noticia con mucha alegría, también con sorpresa, ya que hasta ese momento se lo consideraba un solitario feliz, y quienes mejor lo conocían pensaban que no cambiaría su estado civil por nada.
Viajó a Japón con su flamante esposa para presentarla a su familia. La estadía fue corta ya que ella no soportó la vida en el archipiélago. De vuelta en Argentina se interesó por sus suegros, personas de condición humilde a quienes les tendió una mano comprándoles una casa.
Hace un tiempo que el señor B vive en soledad otra vez, su esposa debió viajar a su país por un problema familiar, con tanta mala suerte que enfermó y tuvo que prolongar su estancia. Por supuesto, el viaja con cierta frecuencia para ver a su amada, pero no puede ir a la casa de sus padres (la que compró con tanta generosidad) porque según ella, la presencia de un ciudadano japonés puede atraer a los ladrones (?) Así que no le queda más remedio que alojarse en un hotel y esperar que lo visiten.
El amor todo lo puede, él sigue aguardando y enviando el dinero necesario para el supuesto tratamiento que ella debe seguir para recuperarse. Tanta bondad toda junta es algo que cuesta creer. Será que soy un desalmado y no puedo aceptar que exista gente así. No sé. Lo cierto es que después de conocer el caso del señor B mi visión de la realidad ha cambiado. Hoy puedo decir con total certeza que todavía hay gente buena, pero muy buena en este mundo.
Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com
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