Trabajo y limpieza
El señor Kagiyama fundó su empresa proveedora de repuestos para automóviles en 1961. Su ideal, mejorar la sociedad dando bienestar a la gente a través de su trabajo. A fines de la Segunda Guerra Mundial, junto a su familia, habitaba una casa humilde y muy deteriorada. Su madre, que hacía de la limpieza un culto, se encargaba de asear cada rincón, aún las paredes que crujían al frotarlas y que amenazaban romperse en cualquier momento. Gracias a esta sana actitud, en ningún momento sintieron estar en la miseria; y pesar de sus carencias materiales, transitaron ese período con mucha dignidad.
Ese fue el motivo por el cual Kagiyama decidió que la higiene sería uno de los pilares de su empresa, aunque no quería imponer el principio como una regla y en forma autoritaria. Lo que hizo fue comenzar solo la tarea. Todos los días, uno de sus trabajos consistía en limpiar cada centímetro del baño, poniendo lo mejor de sí en la rutina. No utilizaba guantes, sus manos desnudas sentían sobre la superficie cada partícula de suciedad a remover, las cuales quitaba con la ayuda de un cepillo. Con la precisión de un cirujano, no daba por terminada su labor hasta dejar todo resplandeciente.
Día tras día, mientras orinaban a su lado, los empleados veían a su presidente limpiar con mucho esmero los sanitarios, hasta llegaron a especular que lo hacía porque no tenía capacidad para otra cosa. Así pasaron diez años, hasta que los trabajadores comprendieron el mensaje y en forma espontánea comenzaron a imitar la actitud de Kagiyama. Lo que comenzó en los baños luego se extendió al resto del edificio.

En 1991, Kagiyama visitó una fábrica de circuitos impresos. En la entrada, el señor T, presidente de dicha compañía, le dijo: “Cambie sus zapatos por botas porque el piso está demasiado sucio”. Kagiyama le responde con una pregunta: “¿Siempre estuvo así?”, y aprovechó la circunstancia para comentarle sobre su experiencia. El señor T, entusiasmado con la idea, llevó a sus propios empleados a la empresa de Kagiyama para que vean la pulcritud del ambiente de trabajo.
El año siguiente, Kagiyama volvió a visitar la misma empresa, la cual había cambiado por completo, pero esa vez, en el momento de ingresar, lo que escuchó de su colega fue: “Quítese los zapatos porque va a ensuciar el piso”.
(Basado en un artículo del Nihon Keizai Shinbun).
Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com
(Publicado en Wakaranai, revista mensual de distribución gratuita dirigida a la colonia hispanohablante de Japón).
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