Trabajar en Japón, primera parte

Trabajar en Japón, primera parte: Fuerza bruta y algo de tecnología

Muchas veces, personas interesadas en viajar a Japón, me han preguntado sobre la realidad laboral de los latinos en este país. Casi todos tienen una imagen romántica del archipiélago; y en estos casos, me veo en la desagradable tarea de pisotear sus ilusiones. Al mismo tiempo que me pregunto: ¿Por qué se tejen tantas fantasías respecto a esta nación?

Existe en el imaginario popular una percepción idealizada de Japón que nada tiene que ver con la realidad. Por ejemplo: el creer que todas las industrias cuentan con maquinaria de última generación y que los operarios no hacen otra cosa que apretar botones. Esto puede ser verdad en algunos sectores de firmas multinacionales como Toyota que cuentan con suficiente capital para invertir en nuevas tecnologías, pero las pequeñas y medianas empresas, que son mayoría, tienen que adaptarse a la medida de sus posibilidades.

La fábrica en donde trabajé hasta hace un mes, produce partes de los motores que utiliza Nissan. Dos de las líneas de producción están compuestas por máquinas que deben tener 30 años de antigüedad. Un porcentaje de las piezas sale con defectos y son reparadas a mano. Cuando se descompone alguna máquina, cosa que sucede a menudo, los jefes tratan de repararlas a martillazos.

Otro de los mitos es que aquí todo es muy profesional y no hay lugar para la chapuza. Bueno, por supuesto que hay gente muy preparada, pero no es común su presencia en el ámbito laboral. Ya comenté lo de reparar maquinaria a golpes, y en todas las fábricas que pisé he visto más improvisación que otra cosa.

Cuando trabajé en una planta de Sony, estrenamos unos equipos de inserción de componentes electrónicos. Las placas de circuito impreso entraba por unos rieles y un brazo mecánico se encargaba de colocar el material en su sitio a una velocidad impresionante. Los técnicos se esmeraban en poner a punto el artefacto, pero las cosas no funcionaban bien. Un día se trabaron dos placas y al ponerse en movimiento el mecanismo, salieron volando en mil pedazos.

Continúa…

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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11 comentarios a “Trabajar en Japón, primera parte”

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  1. 1
    HeV:

    Está claro que no todo es como lo pintan. De todas maneras en Europa se suele decir que las empresas japonesas buscan ingenieros y demás aquí, la realidad es dura pues te dejan un tiempo de adaptación en el cual te forman en el japonés y posteriormente pasas a trabajar a la empresa.
    Eso además ha hecho que se cree cierto movimiento de repulsa a los gaijin, pues los japoneses, son muy competitivos y como comentaste hay trabajos que no quieren hacer y no les importará que los hagan otros, pero estar preparándose toda la vida para llegar a algo y que venga alguien de fuera, imagino que no les debe sentar muy bien.
    Aun así me gustaría poder trabajar en alguna multinacional japonesa por unos cuantos años y por supuesto allí.

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